Cruel Crimen de estudiante en Casa Grande


Homicidas  lo torturaron sin compasión: lo amarraron de pies y manos, le taparon los ojos con cinta de embalaje, lo golpearon y, por último, metieron cadáver en costal.

EXTREMA CRUELDAD

Omar Smith Alba Peláez, este es el nombre del joven cuyos restos fueron hallados el sábado en la mañana en una acequia del sector Facalá, Casa Grande. Según se supo, fue su padre, Pablo Alba Bustamante, quien identificó el cadáver, luego de ver algunas imágenes en los diarios. “Es él, tenía solo 19 años”, dijo ante las autoridades.

En efecto, Alba se apersonó ayer a la morgue y confirmó sus sospechas: la persona que había sido encontrada en el canal de regadío era, en efecto, su muchacho, a quien, según dijo, vio por última vez el martes de la semana pasada.

“Me dijo que se iba a trabajar; era cocinero en un restaurante de Trujillo. Después no volví a verlo más; no sé qué puede haber pasado, quién puede haberle hecho semejante maldad”, expresó, tras corroborar la identidad.

Lo que no precisó el acongojado padre fue en qué restaurante trabajaba el joven. Sí dijo, en cambio, que vivía en Ascope, en el pasaje Mercado 256, lugar donde además serán velados sus restos.

“Lo único que espero, de momento, es que la Policía encuentre a los hombres que lo asesinaron; mi hijo no merecía esto”, añadió.

Ahora, si bien los móviles del crimen son aún investigados, se asume, por causas que resultan obvias, que alguien se ha venga de Alba Peláez. No puede explicarse, de otro modo, la crueldad con que fue ejecutado, y claro: la manera en que los homicidas intentaron deshacerse del cadáver y borrar, con ello, algunas huellas.

DÍA MALDITO

Vale recordar que el cuerpo de Omar Alba Bustamante fue hallado el sábado en la mañana en el sector Facalá. Lo primero que vieron los trabajadores de Casa Grande, a eso de las 11:10 a.m., fue un bulto flotando en el canal.

Al acercarse, sintieron un olor fuerte nauseabundo; algo estaba pudriéndose dentro, por lo que comunicaron del hallazgo a la Policía. Una vez abierto el costal, el cuerpo de Alba apareció con evidentes signos de haber sido torturado.

Tal como informamos en nuestra edición de ayer, los criminales que acabaron con el joven le amarraron primero las manos con una soguilla y le taparon los ojos con cinta de embalaje; luego envolvieron su cuello con una cuerda y tiraron de ambos extremos hasta causarle la muerte. Así de despiadado fue el crimen.

Por último, metieron el cadáver en el costal y lo lanzaron a la acequia. Debido al avanzado estado de descomposición en que fue encontrado el cuerpo, los peritos de Criminalística calcularon que Alba debía llevar muerto unos cuatro días.

Sacando cuentas, si su padre asegura que lo vio por última vez el martes, es decir, cuatro días antes del hallazgo (el mismo tiempo estimado por los expertos), se deduce, entonces, que a Alba deben de haberlo ultimado la mañana en que salió de su casa para dirigirse al restaurante.

La pregunta que aún queda por resolver es quién (o quienes) buscaba deshacerse de él. De momento la Policía aún trabaja en el caso.

Al cierre de edición, los restos de Omar Alba se encontraban aún en la morgue. Su familia, tal como mencionó su padre, espera hoy que los matones sean identificados y encarcelados. El velorio del joven y desafortunado cocinero será en su vivienda, y el sepelio se llevará a cabo en el cementerio de Ascope.

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